lunes, 23 de diciembre de 2013

Ser mujer

No puedo evitar dar mi opinión sobre un hecho que nos retrocede treinta años de lucha social femenina.

Soy una mujer de 28 años. Me he criado en un entorno normal, ni muy estricto ni muy liberal, con los prejuicios e imposiciones típicos de mi generación que poco a poco se superan. Desde mi primera relación sexual hasta hoy solo he tenido dos parejas, ambas relaciones estables de años de duración, una de ellas aún en vigencia. No he tenido líos de una noche, ni follamigos ni calentones con un desconocido ni nada similar. Nunca he tenido que recurrir a la píldora del día después ni se me ha olvidado tomar la píldora anticonceptiva ni he pensado "bueno, por una vez no pasa nada" y tenido coito sin preservativo. Nunca me he hecho una prueba de embarazo, no la he necesitado. Soy una de esas mujeres no excesivamente indignas según la derecha de este país. Una de esas mujeres que podrían estar de acuerdo con esta nueva ley anti-aborto porque a mí no me ha hecho falta, ¿no?

Y una mierda.



He contado todo esto para quitar de la cabeza esa estupidez de que las únicas que están a favor de abortar son las mujeres que llevan otro estilo de vida (más indigno, más pecador, más sucio a sus ojos) ya que a las que somos "buenas chicas" esto no nos afecta. Sí me afecta porque soy mujer. Soy mujer y estoy hasta el coño, ya que hablamos de ello.

Estoy harta de que sigamos criando mujeres avergonzadas de follar. Avergonzadas de su cuerpo, de sus decisiones, del qué dirán. Avergonzadas porque perder la virginidad para ellas es mancillarse y para ellos triunfar. No llego a los treinta años y mi generación está educada en su mayoría así, reprimidas en su adolescencia por los estigmas de ser "ligerita de cascos" y por el qué dirán, y por no poder traer a su novio al cuarto mientras su hermano se folla al ligue de turno al otro lado de la pared.

Somos un puto país machista y estoy hasta el coño de qué decidan qué tengo que hacer con el mismo. Desde si tengo que depilármelo o no hasta qué entra y qué sale. Porque esto es lo que me de verdad me jode. Nunca se me ha planteado en la vida abortar. Debido a la vida que he llevado y os he explicado, sabiendo que cuento con el apoyo familiar que cuento, yo no abortaría si ahora me quedase embarazada de mi pareja y os aseguro que ni nos lo podemos permitir ni estamos preparados. Pero encontraríamos un camino y tomaríamos esa decisión entre los dos porque nos queremos.

No todo el mundo tiene esta situación y por lo tanto no estoy de acuerdo en imponerle a nadie una decisión moral. ¿Qué clase de padres van a ser si se les impone? ¿No es más saludable que sean padres habiendo podido elegir? ¿De verdad es más humano dar a luz a un bebé al que no le diagnostican ni meses de vida dentro de una incubadora en un estado vegetal? ¿Alguien cree aún que abortar es la opción fácil de cualquier mujer normal? Es una decisión dura que a la mayoría de ellas, por no decir a todas, les hará preguntarse de por vida cómo habría sido. Les hará cuestionarse siempre. Pero están en su derecho de tomarla.

Porque no todas las mujeres tienen que ser madres. Porque no todas las mujeres quieren ser madres. Porque un hombre no debería mandar en el coño de nadie.

¿A que ahora no hay huevos de hacer otro anuncio como el de Campofrío? Porque yo sí que cambio ser un país de gritones, cierrabares y graciosillos por tener derechos europeos.


domingo, 15 de septiembre de 2013

Mujeres vellas y bellas

Hace poco salió como portada de un periódico gratuito el blog de una joven periodista que llevaba sin depilarse más de medio año. Acompañaba el artículo una foto de la chica exhibiendo axilas y piernas. Hasta aquí, al margen de preguntarse uno cómo puede ser noticia la elección depilatoria de una persona, todo normal. Lo triste fueron los comentarios. "Antihigiénico" fue el comentario negativo más suave, llegando a los de guarra para arriba con facilidad. También había gente que la apoyaba y que enseguida era tachada de "cerdas", "hippies", "feminazis",  etc etc. Lo más lamentable es que había una mayoría de comentarios femeninos negativos. Vamos a ver.

No soy excesivamente feminista, o quizás lo correcto sería decir que tengo un feminismo dividido en compartimentos estancos. Por ejemplo, obviamente creo en la igualdad de salarios desempeñando el mismo cargo hombres y mujeres, pero me la repampinfla bastante la igualdad en la lengua. Me niego a dar patadas al diccionario gratuitas solo porque las mujeres no podamos quitarnos el complejo de inferioridad.

Aquí muchas estaréis desacuerdo conmigo, y lo entiendo y respeto. Pero es que yo no me veo como mujer, me veo como INDIVIDUO. Y como individuo me da igual que se diga "Hola a todos" y no "Hola a todxs/tod@s" de la misma manera que a los hombres les da igual que no haya "periodistos". A los hombres les da igual.

A los hombres les da igual que existan tíos a lo Brad Pitt, pueden mirarse al espejo con todos sus defectos supuestamente alejados del ideal de belleza masculino y sentirse bien consigo mismos. Las mujeres no. Las mujeres siempre tenemos esa Natalie Portman inalcanzable en nuestra cabeza a la que buscamos emular, esos pechos turgentes, redondos, perfectos y naturalmente imposibles que queremos tener, esos labios carnosos, esas narices chiquititas, esa cintura muchas veces desproporcionadamente estrecha. Las dietas y el ejercicio traspasan el querer estar sano y van más allá, llegando incluso a la cirugía.

No estoy en contra de la cirugía. No estoy en contra de que cualquier persona haga lo que crea necesario para sentirse mejor consigo misma siempre que no se haga daño. Pero me jode, me repatea y me cabrea que sea una mayoría de mujeres las que seguimos auto-imponiéndomos todas las mierdas de la sociedad y que en cuanto vemos a una que se sale de esa barrera (como la chica que no se depila) seamos de las primeras en tirar piedras basándonos en unos argumentos que nos han metido a capón todos estos años sin una puñetera base científica.

Depilarse NO es higiénico. El vello tiene una función protectora y preserva la humedad en los sitios en los que la piel lo necesita. No lavarse es lo que no es higiénico. George Clooney tiene pelos en el pecho y estoy segura de que el ya mencionado Brad Pitt no se rasura las pelotas ni las axilas. Y no pasa nada. A nadie se le ocurre decir "uf, con esa pelambrera seguro que huele mal". No. Pero una mujer sí. ¿Qué soplapollez es ésa?

Entiendo que estéticamente no guste, igual que estéticamente una mujer con pantalones hace unos cuantos siglos era horrible. Sin ir más lejos, yo misma me depilo porque reconozco que estoy en esa vorágine social femenina de no sentirse cómoda si se tiene un exceso de vello. Pero de ahí a mirar mal a otra mujer simplemente porque ha decidido que ella sí puede bajarse del tíovivo estúpido que se ha creado en torno a nosotras hay un puñetero abismo.

Algún día, espero que haya igualdad con cabeza. Igualdad basada en nuestras enriquecedoras diferencias y en vernos como personas y no como tíos y tías. Educación de sujetarle la puerta al que viene detrás solo porque viene detrás, no por ser hombre o mujer. Igualdad en darle las semanas de baja necesarias a una persona que necesite cuidar de su bebé, sea hombre o mujer. Respeto por el chico que decide cuidarse ("jaja, marica") y por la chica que prefiere ir cómoda ("¿No deberías arreglarte más? Con lo guapa que podrías estar...") y viceversa.

Empezar a vernos como personas, respetando las elecciones del otro y sus preferencias. Pero lo veo lejos, muy lejos, porque las primeras que tenemos que salirnos del redil somos nosotras. Y el peor redil que hay es el que ni siquiera sabemos que existe.

jueves, 27 de junio de 2013

El Nigroamante

"No fue amor a primera vista. Nos caímos bien desde el principio pero no hubo ni flechazos ni mariposas ni viento revolviendo sus cabellos a cámara lenta. Hubo cenas de McDonald, paseos hasta el autobús nocturno, carcajadas en el cine, miles de conversaciones y onomatopeyas aporreadas en el teclado. Un día, sin saber cómo, supe que no podría vivir sin ella. No se lo llegué a decir nunca.
Ahora, acunando su cadáver mientras entono mantras y trazo con sangre las runas arcanas que la traerán de vuelta pienso que voy a tener que explicarle muchas cosas. Joder. "

martes, 25 de junio de 2013

Burning up a sun just to say goodbye II

La vida pasa. Los problemas cambian. Algunos evolucionan, otros se solucionan, muchos aparecen. Todos los días hay algo que nos ronda la cabeza, más o menos grave. Y esta gravedad depende mucho del cristal con el que se mire.

Siempre tengo problemas. Más grandes o más pequeños. Algunas veces me intentan robar el sueño, otras muchas lo consiguen. A veces no son ni mis propios problemas.

Pero hay algo que siempre ha sido sagrado. Cuando yo duermo, sueño. Da igual lo triste que me encuentre, da igual lo enfadada que esté, da igual que me reconcoma una preocupación. En el momento en que yo me tumbo para dormir obligo a mi cerebro a pensar en historias.

Historias mías o de otra gente, que he visto, que he leído, que he escuchado.

He visto barcos dirigibles planear sobre grandes páramos, he desarrollado poderes mutantes, he acompañado a Rose Tyler como agente de Torchwood, he conocido a Muerte en su día mortal, he oído un recital de jazz a manos de Lucifer, jugué al Quidditch, visité el Bosque Negro, llevé mi toalla por toda la galaxia y me tomé un té en Baker Street.

Así que ahora mismo, terminando otro mundano lunes lleno de problemas de muggles, espero con anticipación la hora de irme a dormir. Siempre me ha encantado dormir porque he tenido la suerte de que siempre ha sido sinónimo de soñar.

Parece que nos intentan machacar día a día. Crisis, recortes, políticos inútiles, trabajos mal pagados, facturas, problemas con la gente, perspectivas negras de futuro. Pero si hay algo que no me van a quitar es la sonrisa al apoyar mi cabeza en la almohada y pensar en esas historias que tanta gente me ha regalado y que me ayudan a escalar un día más.

Así que una vez más, creadores del mundo, gracias :)

"The roar of our stars" de Alice X. Zhang

domingo, 16 de junio de 2013

Pétalos que sueñan

Hoy diría que es un día especial, pero no es más especial que otros para mí.

Hoy es el cumple de Lis. Muchos no necesitáis que os diga quién es Lis. ¿Por qué, entonces, no es un día especial para mí?

Tengo la suerte de que todos los días que hablo con ella son especiales. Me saca una sonrisa siempre, acabamos a carcajadas la mayoría de las veces, compartimos miedos y sueños. Me pide consejo sin saber lo sabia que es ella realmente. Se considera Niña Perdida cuando es la Niña con el camino más claro que he conocido en mi vida.

Dice sentirse pequeña a veces mientras se rodea de gente más de diez años mayor manteniéndose a su nivel. Es una Niña, sí. Se emociona, se enfada, se hunde y resurge. Podría parecer vergonzoso que alguien mucho menor que yo, apenas entrando en los 20, sea capaz de tirar de mí en algún momento. Pero como la conozco no es una vergüenza, es un honor.

Nuestra relación no fue así desde el principio, pero no cambio nada si eso significa que nos ha llevado a estar como estamos en la actualidad.

Podría seguir divagando sobre ella pero todo se quedaría corto. Hay que conocerla y conocerla bien es quererla sin remedio, como me ha pasado a mí.

Feliz Cumpleaños, Lis. Gracias por ser nuestro pensamiento alegre para volar.


jueves, 6 de junio de 2013

No leáis Canción de Hielo y Fuego

Hola a todos. Si este título no os impulsa directamente a ponerme a caldo en los comentarios o redes sociales de vuestra elección, os argumentaré por qué he dicho esto.

Primero quiero dejar claro que leer es una afición excepcional que apruebo y aplaudo, así que si queréis leer por el gusto de leer, leed. Canción de Hielo y Fuego, El Señor de los Anillos, El Principito, Harry Potter o los prospectos de los medicamentos. Lo que os dé la gana porque os dé la gana y cuando os dé la gana.

Hecha esta aclaración paso a enseñar mis credenciales hipster:


Edición del año 2005 de Festín de Cuervos en inglés porque no pude esperar a la traducción.
Así que efectivamente estáis con una de esas personas old school que ya leían a Martin antes de que fuera guay y se hiciera mainstream por la serie de televisión. Me voy a mi Starbucks con mi premio a la más repelente, JÁ.

A pesar de todo esto, tengo que decirlo.

RAZONES POR LAS QUE NO LEER CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO:

- Porque creas que es necesario para disfrutar de la serie
- Porque alguien te diga que es necesario para disfrutar de la serie
- Por regodearte en todas las diferencias que hay y mutar en un frikismikis que saque pegas a todo lo que hagan en pantalla
- Por creer que eso te va a hacer superior a cualquier otro aficionado a la saga

RAZONES POR LAS QUE LEER CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO

- Te gusta leer
- Te apetece leer la saga

Parece que he descubierto América, pero es increíble la de aficionados del bando lector que están siendo un auténtico coñazo con todo esto. Yo no recomiendo Canción de Hielo y Fuego a todo el mundo. No es para todo el mundo. Si os pareció que Tolkien era un pesado con sus bosques y sus cantos, Martin mete el mismo relleno sustituyendo por banquetes, violencia, sexo y escatología variada (y detallada. Sé más del tránsito intestinal de Tyrion Lannister que del mío propio). Pero eso no os lo dirán, os dirán "¿¿Cómo puedes ver la serie sin leer el libro?? ¡¡No sabes lo que te estás perdiendo!! OMG!!!11!!11UNOUNO"

Y yo os digo: no es para tanto. En serio. El libro es mejor en muchas cosas y peor en otras tantas. Hay mucho más detalle y muchos más personajes, pero no todo es bueno. Y además esperamos mucho más entre entrega y otra, así que mira tú la gracia.

Otro pequeño detalle que la gente parece olvidar es que Martin es mejor guionista que escritor. Martin ha escrito estos libros visualizando todo. Y cuando digo todo es ABSOLUTAMENTE TODO. Por lo tanto, esa escena aleatoria de la serie en la que vemos dos o tres segundos de bandejas con platos en un salón con un par de estandartes de fondo en el libro se convierten en párrafos y párrafos (en ocasiones páginas) de descripciones exaustivas de esos platos, esa estancia y esos estandartes. Que luego no llevan a nada, añado.

Así que no es oro todo lo que reluce ni bueno todo lo que Martin escribe. Yo seguiré leyendo porque la historia, obviamente, me gusta, pero de ahí a defender descerebradamente todo lo que este hombre aporree sobre un teclado, y más tardando cinco años entre entrega y entrega, pues como que no.

Y vosotros, espectadores de la serie, leed si os apetece y si os da la real gana. Hay cosas muy chulas, hay pasajes de aplaudir, hay cambios sustanciales y hay partes infumables. Como en cualquier libro. Y punto.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Everyone hail to the Goblin King I

Hoy os traigo una reseña, pero empecemos bien.

No soy reseñista ni lectora profesional. He comentado algún que otro libro de manera puntual en la web de la Federación Española de Fantasía Épica, pero poco más. No soy blogger ni me muevo por estos mundos a menudo. No soy influyente ni pretendo serlo.

Tengo una base de lectura de género decente, pero no excepcional. No escribo con asiduidad, no me expreso especialmente bien y mis comas a veces parecen estornudadas por el texto. No vengo a hablar de esos aspectos de "El Rey Trasgo" porque no estoy capacitada para ello. Si queréis una reseña que os diga cómo está escrito el libro buscadla en otra parte.

Tampoco vengo a hablar de la edición o la portada. La portada la hice yo, así que poco puedo decir de ella desde fuera. Para mí fue un viaje excepcional y una reafirmación de lo que me gusta hacer. Para muchos solo serán manchurrones con más o menos gracia. No pensamos en el target, no pensamos en el protagonista de la saga, no pensamos en prácticamente nada en lo que se debería pensar cuando se forja una portada de novela de fantasía. Bueno, si veis alguna que otra foto del autor y mi persona observaréis que pocas veces pensamos. Punto.

Curiosamente tampoco hablaré pormenorizadamente de la historia en sí. No la tengo fresca.

¿Pero de qué pelotas vas a hablar, buena mujer? Estaréis pensando muchos (con mejor o peor lenguaje).

Vengo a hablar del Trasgo. UN AÑO DESPUÉS.

¿Qué es "El Trasgo"? El Trasgo es el fenómeno, toda la experiencia que se está viviendo. El Trasgo son susurros a un micrófono. El Trasgo está compuesto por conversaciones de gmail en mayúsculas llenas de onomatopeyas y referencias a memes de internet, por fotos lamentables, por pinturas de guerra, por teclados con letras desgastadas y manos manchadas de tinta. El Trasgo está lleno de madrugadas y muchísimo sueño de camino al trabajo, el Trasgo tiene ojeras y cabellos despeinados y sonrisas. Sonrisas ominosas, eufóricamente desequilibradas, anticipatorias y maquinadoras. Carcajadas atronadoras y cejas enarcadas.

Conversación con Alberto Morán Roa


El Trasgo está hecho de personas. Que crecen, que aprenden, que se enfadan, que se calman. Que se equivocan y aciertan, que hablan y callan. Que a veces no reaccionan como héroes ni como villanos.

Y de eso he venido a hablar. De las personas del Trasgo. Si algo me gustó de este proyecto desde el mismo día en el que tuve la suerte de que el autor me pasara el pdf de la novela fueron las personas involucradas en él. Gente con tanta personalidad que hace que el personaje de papel se contagie y deje atrás el "je". Se convierte en una persona más con sus defectos, sus flaquezas, sus puntos fuertes... con sus reacciones inesperadas, con sus límites, con su coraje y su falta de él.

Siento amor mal disimulado por Kaelan y Naié (por separado, no juntos. No empecemos con los shippeos a estas horas). Las situaciones al límite a las que ambos son expuestos y con los que ambos lidian, mejor o peor. Las decisiones que toman, las heridas que reciben, las pérdidas que sufren. La determinación que sacan, la fuerza mental y física que demuestran, las crisis que también tienen. Son mis dos personas de papel favoritas y están rodeadas de más personas de papel, todos pendientes, sin aún saberlo, del Trasgo que les mira desde su montaña y aspira a controlar sus destinos.

Ese Trasgo susurra a micros, conversa por gmail y se ríe atronadoramente con cejas enarcadas.

viernes, 3 de mayo de 2013

Aquí empezó todo II

He tenido suerte por muchas cosas, pero una de ellas es que mi madre es una lectora voraz y en mi casa nunca faltaron libros para nosotras. Tenemos colecciones completas: la Biblioteca de los Jóvenes Castores, el Club de los Cinco, Aventuras de los Siete Secretos, Barco de Vapor de todos los colores, colección Austral Juvenil... una maravilla de estantes llenos de obras que siguen aquí como el primer día (bueno, bastante más sobeteadas).

"Yaga y el hombrecillo de la flauta", de Irina Korschunow, pertenece a la colección blanca de El Barco de Vapor, es decir, primeros lectores. No recuerdo con qué edad lo leí por primera vez, pero recuerdo perfectamente lo muchísimo que me gustaron las ilustraciones de Pablo Echevarría.



La historia es muy sencilla pero muy bonita para un niño de esas edades. Yaga es una bruja que sopla su trompeta y hace que los malos pensamientos, representados por pájaros negros, entren por los oídos de los aldeanos y les hagan hacer cosas malvadas. Un día llega al pueblo un hombrecillo que toca la flauta (hay que reconocer que el título del libro promete lo que da, no como los trailers de ahora) y hace que los buenos pensamientos, pájaros blancos, entren en la gente y les hagan ser buenas personas. Yaga descubre a su "archienemigo" y lo acompleja para que quiera dejar de ser pequeño, cosa que consigue. El hombrecillo le termina pidiendo que lo haga grande sin pensar que con ese tamaño no podrá tocar la diminuta flauta más y Yaga vuelve a tener así a los aldeanos sumidos en la miseria de sus pájaros negros.

Pero todo cambia un día en que un pajarito se pierde y acaba en el jardín de Yaga. Por primera vez Yaga escucha su trinar y se olvida de todo lo demás porque es lo más bonito que ha oído en su vida. Se dedica a cuidar a su nuevo amigo día y noche y la trompeta coge polvo en un rincón hasta que intentando que diga su nombre le grita, el pajarito se asusta y echa a volar para no volver. Yaga entonces sopla toda su rabia a través de su trompeta pero pronto acaba porque no está enfadada, está triste, y ella nunca se había sentido así.

Días después de buscar soluciones para nada y quedarse en cama, el hombrecillo va a casa de Yaga. Cuando la bruja ve que él está igual de triste que ella, movida por la compasión, lo vuelve a hacer pequeño y le pide que toque la flauta. El hombrecillo lo hace y llena de nuevo el pueblo con pájaros blancos que hacen que Yaga sea feliz.

Como ya he comentado, la historia es bonita y sencilla. Pero lo que son una pasada son las ilustraciones:

No prestéis demasiada atención al escaneado de calidad inmejorable

Sin yo saberlo, en mi cerebro se estaban afianzando elementos que me encantan a día de hoy. Lo más visible, la técnica, con un manejo precioso de las acuarelas y los colores. El estilo, además, me parece original y es otra de las razones por las que el libro está destacado en la montaña de incontables obras que he leído en mis años escolares.

Otro de los conceptos que a día de hoy adoro y aplico siempre que puedo es la maquetación suelta. El dibujo, tanto en portada como en este ejemplo que acabo de poner, rebosa del cuadro delimitador pero en otras páginas se ciñe a él. Esta decisión no es aleatoria y es maravilloso ver cómo en algunos casos partes de la ilustración sí que sobrepasan y en otras no, ayudando a que el conjunto sea más expresivo.

¡¡PERO MIRAD ESE POLLITO GORDOOO!! *ejem* Perdón

En definitiva, otro ejemplo de que la ilustración infantil es tan maravillosa como complicada. Tengo que decir que me parece increíblemente meritorio que alguien pueda plantar la semilla de una profesión haciendo que su trabajo sea tan soberbio que deje marcado a un niño. Así que desde aquí, si es que algún día por casualidades de la vida y de internet me lee, gracias Pablo Echevarría :)

martes, 30 de abril de 2013

Treinta de abril (y no del noventa)

Hoy es el cumple de alguien muy especial. Los que me sigáis por Facebook o me conozcáis un poco más sabréis que tengo dos hermanas mayores. Una de ellas es compañera o precursora de casi todas las locuras y frikadas en las que me embarco. La otra es mi hermana Tania, LA PRIMOGÉNITA.

Desde que tengo uso de razón, mi hermana Tania ha cuidado de mí. Mi madre dice que siendo yo bebé, Tania ya ayudaba con biberones y chupetes mientras mi madre controlaba al terremoto que tenemos como hermana mediana.

Tania me ha mimado y a la vez educado como una madre más. Me ha llevado a jugar con más niños, me ha hecho meriendas y cenas especiales (a ella le gusta cocinar y a mí comer, somos el combo perfecto de apreciación mutua), ha tenido que pringar con mi compañía todos sus veranos, y he de decir que yo era un horror de compañía. Hemos paseado perritos a cambio de fichas de coches de choque, hemos echado carreras por la playa, hemos peleado con cosquillas, hemos ido a la feria y a los recreativos, me ha llevado al cine y a un montón de sitios en los que me lo he pasado bien. Nos pasamos juntas el Final Fantasy IX del tirón y sin guía, descubriendo todos los secretos por pura cabezonería y horas de exploración. Hemos colonizado Londres y esquivado garitos de mala muerte gracias a advertencias masculladas entre dientes por recepcionistas.

Han pasado unos cuantos años desde que ella se independizara y como es lógico ya no hacemos tantas cosas juntas. Ella ha formado una familia, regalándonos así a las dos mejores personitas de mi vida. Se suma además que Tania está rodeada por dos hermanas MUY frikis y a veces sé que se siente un poco desplazada, pero eso no es así.

No es así porque voy a su casa y seguimos jugando, esta vez al God of War donde ponemos a nuestros pies a dioses y mortales por igual. Nos vemos y seguimos carcajeándonos de cualquier tontería que se nos ocurra, porque lo absurdo corre por las venas familiares en todo su esplendor. Hablamos por teléfono (aunque debería llamarla más, todo sea dicho, que siempre es ella) y los silencios elocuentes dan paso a las risas de complicidad.

Sé que Tania muchas veces no me entiende. No practica Wushu, ni juega al rol, ni pinta, ni ve las mismas series o lee los mismos libros que yo. Pero me apoya. Incondicionalmente, siempre. Comparte mis triunfos, me consuela de mis fracasos, me anima en mis proyectos y ayuda en todo lo que puede. Aprecio muchísimo todo esto porque sé que viene de una persona que ha tenido que abrir camino, que es muy difícil, y que desde delante se ha girado y nos ha dicho "venga chicas, que yo ya he abierto la veda".

Si hay un recuerdo grabado a fuego que defina nuestra relación, es aquel de ella cogiéndome de la mano y caminando por delante por una endiablada cuesta de nuestro pueblo. "Voy tirando de ti", se quejaba siempre, pero seguía haciéndolo día tras día. Y he de decir que hoy, de otra manera, aún sigue tirando de mí. Y sé que lo hará siempre, por eso tengo tantísima suerte.

Te quiero, Tasmania. Feliz cumple :)

Mis dos hermanas

sábado, 27 de abril de 2013

Un poco sobre mí

Desde que empecé el blog he escrito algunas cosas que puede que os indiquen un poco cómo soy. O no. Lo que tengo claro es que casi todas las entradas han tenido un intento de expresar algo de una forma más decente que la manera de la que me suelo comunicar. Es hora de que veáis el otro lado y os cuente un poco de mí. Y qué mejor manera para ver el lado lamentable de mi existencia que dando una patada a tintas y pasando a tonterías.

A todos nos gusta definirnos de alguna manera. En internet el postureo está a la orden del día y todos sabemos más (gracias, Google), hablamos mejor (Hola, RAE) y somos más guapos (Photoshop y la iluminación inteligente, alegres aliados). Es normal y lógico. A pesar de ello, a veces tenemos una aldea de irreductibles estupideces que resisten ahora y siempre contra la invasora dignidad. Hoy hablo por ellas y paso a enseñaros cuatro lamentabilidades de mi persona y mi otro estilo de dibujo. El cutre, el rápido, el chapuzas. El que más disfruto para contar tonterías. Pasemos a...

CUATRO COSAS QUE SE ME DAN MAL

1. Planchar
De todas las tareas del hogar, planchar es la que peor se me da con diferencia. Es peligroso, es aburrido y muchas veces innecesario. Camisas, camisetas, pantalones... vale. Pero, ¿pijamas? ¿En serio? Me niego.


2. Comer poco
Tengo un problema con la comida. Bueno, en realidad nos llevamos genial. Pero no puedo comer poco. El concepto de "matar gusanillo" no es válido conmigo. O COMO o no como, pero eso de picotear lo único que consigue es darme mucha más hambre.



3. Esperar
Este es un grandísimo defecto. Se me da fatal esperar. A que seque la pintura, al nuevo capítulo de la serie, a la salida de un libro. Da igual. No puedo esperar. Necesito saber lo que pasa o seguir con lo que tengo que hacer YA.



4. Orientarme
Esta es, con diferencia, la cosa que peor se me da. Si fuera un personaje de rol diría que mis tiradas han salido descompensadas. Es inhumano lo mal que me puedo orientar. Caminos que ya he hecho, calles que supuestamente conozco, casas que ya he visitado... Con nocturnidad, con alevosía. Más allá de la Puerta de Tanhäusser (que ni idea de por dónde cae). Triste pero cierto.



He aquí cuatro cosas que se me dan francamente mal. Hay más, muchísimas más, que iréis descubriendo con el tiempo. Y quizás de rebote vayáis averiguando qué se me da bien. Pero no prometo nada, mis irreductibles defectos tienen poción mágica y con la edad se vuelven peores... pero mucho más divertidos, eso sí.


lunes, 22 de abril de 2013

Omnia Mutantur, Nihil Inherit

A veces hay cosas que tienes que dejar marchar. Comenté en una entrada anterior que parece que tenemos síndrome de Diógenes con las personas, siempre acumulando más y más a pesar de que muchas no nos aportan nada en absoluto.

En noviembre del año pasado tuve la experiencia de ver a mucha gente marchar de este mundo. Algunos eran cercanos, otros no tan cercanos pero cuya partida partió el corazón a gente a la que aprecio. Me hizo priorizar sobre lo efímero de la vida y procedí a abrir mi alma a gente de mi alrededor, a enseñarles lo que había dentro porque sentía que un día ya no podría hacerlo y habría sido demasiado tarde. Algunas personas cogieron el fragmento que les di y lo acunaron con cariño. Otras me dijeron palabras muy bonitas para acallar el ruido que hacían mientras lo pisoteaban.

Las palabras se las lleva el viento y los ecos del ruido llegan. Quizás distorsionados, pero llegan. Y dolieron. Vaya que si dolieron.

Pero yo soy una persona distinta ahora. Alguien que ha averiguado que por mucho pegamento que le pongas al espejo nunca volverá a reflejar bien. Será un espejo roto que quizás tenga reminiscencias de lo bello que fue algún día, pero no será igual. Y los espejos rotos hay que tirarlos: no te dan una visión fiel a la verdad y en el peor de los casos puedes cortarte con el filo de sus fragmentos.

Estuve mirándome mucho tiempo en un espejo roto, intentando averiguar alguna manera de fundir los fragmentos y que volviera a ser algo entero. Por un momento creí haberlo conseguido pero el martillo de la realidad volvió a hacer aparecer todas las grietas y dejó caer algunos trozos al suelo, revelándome que tras ese espejo había crecido moho y otros elementos que harían imposible unir y hacer bello ese espejo de nuevo.

Y lo tiré. Lloré por los recuerdos, por las risas, por todo lo que creo que fue bello en su día. Lloré por las confidencias, lloré por las conversaciones, lloré por las propias lágrimas que había vertido. Y mientras me iba sacando los fragmentos de espejo que se habían clavado en mi alma, supe que estaba haciendo lo correcto. Habría hemorragia un tiempo por arrancar algo que se había clavado tan hondo, pero por fin empezaría a sanar y podría seguir mi camino.

Mis heridas están tiernas pero cicatrizan bien. Si hago demasiado esfuerzo aún sangran un poquito y me duelen, pero poco a poco noto mejoría. Por suerte todos los que acunaron los retales de alma que les di los han hecho crecer y pueden ir llenando el hueco que otros dejaron.

Lo mejor es que ya no estoy triste. Estoy rodeada de espejos que hacen reflejar la luz haciéndola rebotar de unos a otros y siendo capaces de iluminar todo a mi alrededor hasta en los días más nublados. Espejos que cuando me duelen las heridas sirven de apoyo para ponerme en pie de nuevo. Espejos que al otro lado muestran a personas que me sonríen mientras pulen constantemente la superficie y yo limpio mi otro lado.

Y así sigo caminando el camino que me voy haciendo al andar, como decía el poeta. No es el mejor ni el más bonito, pero es el mío y estoy contenta porque al menos he quitado muchas piedras de él.
 
"Reflejos"

viernes, 12 de abril de 2013

Ola ke ase, eskribe o ke ase

Muchos días de silencio por aquí, pero como la mayoría me tenéis en Facebook podréis imaginar a que se debe. Y las razones son:

- 20 de abril "del noveeeenta, hola chata, ¿cómo estás?" (Sabéis que era necesario): Mercadillo en el que participo con un puesto vendiendo originales (de los pequeños), marcapáginas, cuadernos artesanales... C/ Andrés Mellado 31, Sala La Pequeña Bety (Bajos de Argüelles). Estaremos por ahí el sábado 20 de 18h a 22h :)

- 25, 26 y 27 de abril: Exposición Tintaciones. Sep, exposición individual en la que pondré a la venta originales de todos los tamaños, pintaré en vivo y estaré pasando un buen rato en general. Espero veros a muchos por ahí, también tendrá lugar en La Pequeña Bety.

- ¡He abierto tienda online! Podéis verla aquí: http://society6.com/BarbHernandez
Seguiré subiendo muchas cosas en formato impresión digital, camiseta, fundas y demás.

- También he abierto tienda en zazzle.com, pero hasta que no la tenga un poco más completa no os la paso. Por ahora solo hay dos tazas de Viñeteando.

- Reconstrucción de la web: Con tantas cosas toca ya dar lavado de cara y hacer algo mucho más atractivo, actualizado (porque no tengo NADA de las nuevas cosas que he ido haciendo desde hace unos dos años. Mal, muy muy mal.) y navegable. Voy a incluir la pestaña de Diseño Gráfico (por fin), Tienda e incrustar el blog allí. Puede que nos mudemos, vaya, pero os avisaré con tiempo ^^

- Estoy escaneando ilustraciones de mi próximo libro de la infancia a """reseñar""". Es maravilloso.

Aparte de eso, como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual. Pronto prepararé la entrada sobre el libro que os comento y otra del instinto. He estado dos días con mi sobrino en casa y son muchas cosas en las que pienso cuando me relaciono con él. Ays.

No me digáis que no es cuquísimo el cojín.
Me lo estoy pasando como una enana en la tienda, jajaja.

martes, 2 de abril de 2013

Aquí empezó todo I

Esta es la primera entrada de una serie de muchas, seguramente. ¿Dónde empezó la afición por leer y dibujar? Es difícil decir el libro exacto, así que no lo voy a hacer. Leía tantísimo de pequeña que no era ni normal. Un profesor me llegó a decir que no me llevara un libro al recreo, que el recreo era para distraerse y relacionarse con los otros niños. No era la reina de la sociabilidad entonces, igual que no lo soy ahora.

Empiezo aquí a hablaros de mis compañeros de patio en orden aleatorio. No empiezo por el primero ni por el mejor, pero todos a su manera fueron buenos. Hoy os hablaré de "La Leyenda de Boni Martín".


Este libro narra la historia de Bonifacio (Boni) Martín, un niño mimadísimo, tirando a obeso y algo corto. Su padre es un vendedor buscavidas que se ha labrado una gran fortuna y viaja a menudo, dejando a Boni y a su madre solos durante largos periodos de tiempo. La madre de Boni no hace más que consentirle y él cada vez va a peor, haciendo que en su clase se popularice el dicho "Eres más tonto que Boni Martín".

El padre de Boni vive en gran parte ajeno a lo que ocurre en su casa durante su ausencia hasta que su mujer encarga una máquina tragaperras trucada para que siempre dé premio, convirtiendo a Boni en el niño más popular de su clase. Esto marca un antes y un después para el padre, que decide hacer caso de los consejos de su psicólogo amigo y tomar cartas en el asunto. ¿Cómo? Fingiendo estar arruinado y trasladando a su familia al pueblo del que él es originario, El Castañar. Allí la madre de Boni y el propio Boni tendrán que aprender a vivir de una manera humilde y relacionándose con el resto del pequeño pueblo, todo lo contrario a lo que estaban habituados a hacer en una gran ciudad como Madrid.

¿Qué es lo bonito de este libro? ¿Cómo ha envejecido? La moraleja está clara y es llevada sin prisa pero sin pausa, haciendo que Boni evolucione de niño malcriado a niño normal de una manera divertida y creíble. Me he leído el libro en unos seis viajes de metro o así y me ha parecido que no falta ni sobra nada. Una historia sencilla para chavales de nueve años que se lee con gusto.

¿Qué tiene de especial entonces? ¿Por qué este libro de pronto? Pues por algo tan simple como esta ilustración de Gerardo Amechazurra:


Mirad ese gesto de asco extremo de Boni ante el plato de lentejas, cómo aferra el mantel, cómo coge la cuchara, ESA BOCA. Y al fondo acechante la silueta desdibujada de su tía Angustias (personajazo, oigan), que sonríe sabiendo que las lentejas son un manjar y que si a Boni no le gustan es "porque en Madrid no las saben hacer". Esta ilustración ilustra (valga la redundancia) tan perfectamente el momento que no puede ser mejor. Me encanta la técnica, me encanta la perspectiva del mantel, las diferencias de acabados para distinguir figura - fondo, todo. De pequeña no sabía por qué me gustaba, pero me gustaba. Ahora que puedo verla con otros ojos, me gusta aún más. Una de esas veces que crecer en vez de quitar magia se la añade.

Cada vez que alguien dice que dibujar para niños es sencillo, muere un hada, Dios mata un gatito y Justin Bieber saca disco nuevo. He dicho.


martes, 26 de marzo de 2013

Burning up a sun, just to say goodbye

Hay veces que algo te toca la fibra. Algo que muchas veces no tiene por qué ser de una calidad arrolladora ni tener ínfulas de grandeza. No necesita palabras grandilocuentes ni enrevesadas frases filosóficas que de tan rebuscadas que son pierden la gracia. Hay veces que una idea infantil con un planteamiento básico despierta una pasión que ni tú mismo comprendes.

Porque te habla de otros mundos, porque te habla de otra gente, porque te habla de cómo se puede ser más. Porque te dice que siempre hay margen para dar lo mejor de ti, que no existe lo que llamamos "persona ordinaria", porque por un momento el universo ha estado en peligro y se ha vuelto a salvar. Habla de magia, de galaxias muy muy lejanas, de tiempos pasados, de mundos oníricos y de campos de violines.

Y te habla de querer vivir cada día feliz por estar vivo, de mostrarnos orgullosos de nuestras cualidades, de disfrutar. Fertiliza tu mente y dejas de ser un humano normal, empiezas a compartir un secreto con otros que igual que tú se han quedado prendados de la misma ilusión y sonríes. Compartes esa pasión, que muchos no entienden, y despierta en ti creatividad.

Para mí no es solo ese libro, serie, película o cómic. A mí lo que me da alegría de vivir es que exista gente capaz de crear cosas tan maravillosas, gente con la magia de la imaginación a tal nivel que enamore con sus lugares o personajes. Gente capaz de contagiar felicidad mediante algo que solo existe en su cabeza. Esa gente hace que merezca la pena todo.


martes, 19 de marzo de 2013

Todo lo que mi padre no sabe

Hoy me vais a perdonar la doble mentira. Ni traigo una tinta ni una tontería.

Hoy vengo a hablar de mi padre en honor a su día, aunque él afirme que no es su día, que él ya es abuelo y que le dejemos en paz.

Mi padre es una persona normal, que ha trabajado toda su vida en un trabajo normal para sacar adelante a su normal familia. Hay situaciones mucho más heroicas que las que se han vivido en mi casa, en la que por suerte nunca ha faltado nada de lo esencial y ha sobrado siempre paciencia y amor.

Mi padre en mi infancia ha sido una figura semi-ausente. Creo que su cargo de conciencia es mayor que el perjuicio que eso haya podido tener en mí, más que nada porque no ha habido daño alguno. Desde pequeña, supongo que por la sabia guía de mi madre, asumí de forma natural que si mi papá no podía irme a buscar al cole/ver mi obra de teatro/llevarme al parque/etc era porque estaba trabajando muy duro para que a nosotras no nos faltara de nada, no porque no nos quisiera y otras patochadas de película americana mala de sobremesa.

Cuando yo me despertaba para ir al cole, él ya se había ido. Cuando él llegaba a casa, yo ya hacía tiempo que dormía. Lo que él no sabe es que muchas veces, entre el sueño y la realidad, yo sí que me daba cuenta de cómo venía a vernos dormir al cuarto, las conversaciones entre susurros con mi madre para saber cómo estábamos, las manazas enormes, desde mi perspectiva, que me colocaban en una postura menos absurda porque me había quedado dormida con medio cuerpo fuera de la manta y de la cama. Nunca me he sentido poco querida de pequeña.

Pasan los años y me hago adolescente. La edad del pavo golpea en todo su esplendor y como chica moderna que no entiende al carcamal de su padre surgen las discusiones, las tensiones, las luchas de poder y otros grandes momentos la adolescencia. A pesar de todo, nunca me he sentido poco querida de adolescente.

Pasan aún más años y me hago adulta. O casi, porque al ser la menor de la familia creo que siempre tendré el título de honor de "la Pequeña". Mi padre poco a poco empieza a compartir sus problemas conmigo, a darme charlas (a las que cariñosamente llamamos "chapas"), a escucharme y a reírse conmigo. Desayunamos juntos y nos acompañamos en el metro, yo a trabajar y él a su escuela de relojería, uno de los varios oficios frustrados que no emprendió por nosotras y que ahora disfruta como un chiquillo.

Y a día de hoy, sigue sin saber que lo sé. Sigue sin saber que me he dado cuenta de que presume de nosotras cuando no estamos delante, de que se emociona con nuestros logros, de que algunas veces sigue mirando en mi habitación cómo duermo. Sé que se preocupa cuando me pongo mala como cuando tenía diez años y sé que cuando le digo que he cancelado planes por hacer algo con él se enternece. Y todo esto lo sé a pesar de nuestras bromas, nuestras puyas, sus intentos de que me vaya ya de casa (momento que está muy próximo y que sé que en el fondo le entristece), nuestras discusiones y piques esporádicos.

También sigue sin saber que estoy orgullosísima de él, con todo lo pesado y cansino que es, que no cambiaría nada de nuestra relación padre e hija, que aprecio muchísimo todo lo que ha hecho y hace por mí y que es el mejor padre del mundo. Aunque sea lo típico que se dice a un padre, así lo siento.

Feliz día, papá.

Y también estoy orgullosa de que esté envejeciendo con tanta clase.
Chupáos esa, rockeros que parecen señoras *cof*cof* Paul McCartney *cof*cof*

lunes, 18 de marzo de 2013

Omnia vincit Amor

Todos creemos que nuestro amor es el mejor. Nuestro amor como manera de amar. Todos y cada uno de nosotros, cuando estamos enamorados, estamos seguros de que nuestra manera de amar es la mejor. De que nadie mira como tú miras, nadie abraza como tú abrazas, nadie siente el vuelco en el estómago que tú sientes, nadie suspira como tú suspiras.

Tenemos la certeza total y absoluta de que los demás no lo entienden. De que no tienen ni idea. Todos y cada uno de nosotros en algún momento dado caemos en la arrogancia total de sabernos los únicos conocedores del amor verdadero. Y así debe ser, en mi opinión. Si no estás seguro de que es el mejor sentimiento, ¿qué estás haciendo?

Mi amor tenía forma y color antes de que yo lo supiera. Alguien más sabio que yo le había ido dando forma con mimo y paciencia, nutriéndolo y esperando. Alguien mejor que yo había decidido apostar por ello. Alguien a quien a veces no merezco había decidido que algún día nos daríamos esta oportunidad.

Por suerte es alguien con mucha visión y terminó teniendo razón. Empezamos algo que creció y se nos fue de las manos, dando paso a años de compartir vida. Y entonces evolucionó. Dejé de compartir mi vida y empezó a ser mi vida. No de la forma enfermiza en que alguien deja de ser sujeto, sino en la preciosa manera en la que todo lo que hago o soy es mejor porque aspiro a ser mejor. Siento que le debo mucho a la casualidad, suerte, cosmos, karma o como queráis llamarlo. Quiero ser mejor para poder estar a la altura de lo que me ha sido regalado e intentar merecérmelo día a día.

No lo consigo siempre. Soy insoportable, poco cariñosa, resabida, irónica y de humor fluctuante. Tengo un temperamento rápido y cuando me creo con la verdad, que suele ser a menudo, no tengo piedad ni doy cuartel. Discutir conmigo es peor que darse un paseo con Dante.

Pero a pesar de todo eso me aguanta y tengo la oportunidad de dar lo mejor de mí cuando él no está en su mejor momento. Porque él no es perfecto, no os creáis que esto es un amor ciego. Nos vemos sin idealizarnos, nos aceptamos y buscamos ser mejores juntos.

Además nos reímos. Mucho. De todo, de nada, de nosotros mismos. Reímos hasta llorar y a veces empezamos algo llorando para acabar riendo. Tenemos conversaciones absurdas sobre las que podemos debatir con argumentos de peso durante horas. Tenemos conversaciones trascendentales que a veces duran dos palabras.

Después de años lo mejor que puedo decir de esta relación es que, además de hacerme mucho mejor persona, me sigue sorprendiendo. Y no cambiaría nada de ella (aunque si nos toca la lotería no diré que no, las cosas como son).

Y pensar que todo empezó con un melón con un lazo...

Esta ilustración no es mía, es un retrato que me hizo él.

domingo, 17 de marzo de 2013

Tempus Frangit

No he cometido un error nombrando la entrada. El tiempo para mí no vuela, se rompe cuando de él no hemos conseguido esculpir un recuerdo o aprender.

Puedo afirmar con rotundidad que nunca he perdido el tiempo. Pero bien es cierto que mi concepto de perder el tiempo es bastante personal y que desde fuera se puede decir que en realidad pierdo mucho tiempo.

¿Cuándo perdemos tiempo? La respuesta más habitual es "cuando no hacemos nada de provecho". ¿Qué es algo de provecho? ¿Una actividad laboral que te genere dinero? ¿Estudiar? ¿Recoger la casa?

¿Por qué las actividades que menos te llenan son las que se supone que no te hacen perder el tiempo? Para mí es radicalmente diferente. Yo pierdo tiempo cuando hago algo que no me gusta por necesidad. Es una pérdida de tiempo necesaria y la hago a fin de cuentas, pero estoy perdiendo el tiempo. Estoy perdiendo tiempo de reír, de soñar, de pensar, de ensuciar papeles hasta que se materializa lo que quiero plasmar, de leer y de otras tantas cosas que a mí me nutren por dentro.

Una buena amiga me dijo una vez que el alma (aunque no tengamos concepto o creencia de "alma" religiosamente, hablamos de nuestro interior. Hablamos de ese "algo más" que tenemos que nos hace llorar con una canción o emocionarnos con un buen libro, podéis llamarlo conjunto de hormonas y cócteles químicos variados de nuestro cerebro si queréis), al igual que el cuerpo, necesita higiene. Necesita una ducha diaria.

Esa ducha diaria puede ser simplemente ser un poco más consciente con lo que haces. Disfrutarlo. Conseguir así entonces que nada sea una pérdida de tiempo. Yo lo estoy intentando hacer cada día y puedo decir con orgullo mal disimulado y felicidad que poco a poco lo consigo. Espero que a vosotros también os sirva de algo invertir vuestros minutos.

Termino inclinándome ante todos los que me habéis regalado vuestro valioso tiempo leyendo, comentando o compartiendo. Es una de las cosas más bonitas que se pueden regalar por lo irrecuperable que es, así que gracias y espero seguir con este trueque de experiencias y recuerdos a menudo.




 
 

sábado, 16 de marzo de 2013

¿Y qué serás tú, Soñador?

Abro este blog porque quiero hablar. Y realmente no me preocupa si me escuchan o no, o por lo menos no demasiado. Sería mentira decir que no quiero que me lean, pero también sería mentira decir que busco tener muchos lectores. Vengo a barruntar y me da un poco igual qué me depare esto.

No es un blog de escritura, no soy escritora. No es un blog de arte, no soy artista. No es un blog de ilustración, no soy ilustradora. Y yo, ¿qué soy entonces? En esta época en la que todo necesita un etiquetado y un código de barras, ¿qué soy?, repito. Empezaré con lo que tengo claro.

Soy hermana de dos, novia de uno, amiga de muchos y conocida de demasiados (aunque no en sentido bíblico). Personalmente, soy un desastre. Profesionalmente, soy diseñadora gráfica.

Ser diseñador gráfico es una cura de humildad. O más bien una colleja de humildad. Tu trabajo puede ser visto por miles de personas pero tu nombre no tiene por qué conocerse. No firmamos los manuales corporativos ni hacemos el trabajo nuestro, somos mercenarios que ofrecemos un servicio y cual prostitutas sabemos que es un error enamorarse del cliente.  El día menos pensado tu cliente va a otra que le da el mismo servicio que tú pero de otra manera (más barato, con otro estilo, más rápido...) y tienes que aceptarlo. Porque así es este mundo.

Hace poco vi el rediseño de uno de los logos que yo había desarrollado para una empresa. En modo profesional analicé los cambios que habían efectuado, las nuevas aplicaciones del logo y los usos derivados. No me convenció la nueva propuesta, creo que daba pie a confusión respecto a los servicios de la empresa. En modo personal, no sentí nada. Ni indignación porque hubiesen tocado "mi obra" ni nada por el estilo. Me encogí de hombros y pasé la publicidad de largo sin más pensamientos.

El problema o la ventaja de esta actitud es que se extiende. Se extiende a mis dibujos, se extiende a mis cuadros, se extiende a lo que digo. "¿Por qué nunca firmas tus ilustraciones?", me han preguntado muchas veces. Porque me da igual. Me siento orgullosa si alguien aprecia mi trabajo, pero no pretendo que se extienda a mi persona. Obviamente no quiero que nadie se lucre a mi costa o se atribuya mi obra, pero que de mi obra no se conozca mi autoría me es indiferente.

Siento una desambiguación de lo que genero que a veces resulta liberadora y otras quizás triste. Mi trabajo para mí es como un amante pasional, disfruto de él al máximo mientras estamos juntos, nos exploramos, nos enfadamos, perdemos madrugadas, discutimos y nos reconciliamos. Y cuando la relación termina, no se mira atrás. No hay un "te llamaré" o "serás siempre mío".

¿Significa esto que en el mundo del diseño no hay ego? Qué va. Pero el ego va por dentro. Mientras otros difunden sus productos yo callo mientras sé que la gente ha visto cosas mías. Ha tenido en sus manos libros en los que he participado, revistas, flyers, tarjetas de visita, ha visto banners, webs, carteles, vallas publicitarias, estandartes, roll ups, vídeos, iluminaciones, escenografías... y no lo saben. Estoy en su subconsciente y no lo saben. Estoy almacenada como información visual en lo más profundo de su cerebro y no lo saben. Y me encanta. ¿Para qué romper la magia de la incertidumbre con el aburrimiento de la certeza? 

Teniendo claro entonces lo que soy y lo que no soy, me queda desentrañar el qué quiero ser. Eso, por suerte, lo tengo cristalino. Desde el primer tomo de Sandman, Morfeo en el Infierno, sé lo que quiero ser.

"¿Y qué serás tú, Soñador?
- La esperanza"