"Yaga y el hombrecillo de la flauta", de Irina Korschunow, pertenece a la colección blanca de El Barco de Vapor, es decir, primeros lectores. No recuerdo con qué edad lo leí por primera vez, pero recuerdo perfectamente lo muchísimo que me gustaron las ilustraciones de Pablo Echevarría.
La historia es muy sencilla pero muy bonita para un niño de esas edades. Yaga es una bruja que sopla su trompeta y hace que los malos pensamientos, representados por pájaros negros, entren por los oídos de los aldeanos y les hagan hacer cosas malvadas. Un día llega al pueblo un hombrecillo que toca la flauta (hay que reconocer que el título del libro promete lo que da, no como los trailers de ahora) y hace que los buenos pensamientos, pájaros blancos, entren en la gente y les hagan ser buenas personas. Yaga descubre a su "archienemigo" y lo acompleja para que quiera dejar de ser pequeño, cosa que consigue. El hombrecillo le termina pidiendo que lo haga grande sin pensar que con ese tamaño no podrá tocar la diminuta flauta más y Yaga vuelve a tener así a los aldeanos sumidos en la miseria de sus pájaros negros.
Pero todo cambia un día en que un pajarito se pierde y acaba en el jardín de Yaga. Por primera vez Yaga escucha su trinar y se olvida de todo lo demás porque es lo más bonito que ha oído en su vida. Se dedica a cuidar a su nuevo amigo día y noche y la trompeta coge polvo en un rincón hasta que intentando que diga su nombre le grita, el pajarito se asusta y echa a volar para no volver. Yaga entonces sopla toda su rabia a través de su trompeta pero pronto acaba porque no está enfadada, está triste, y ella nunca se había sentido así.
Días después de buscar soluciones para nada y quedarse en cama, el hombrecillo va a casa de Yaga. Cuando la bruja ve que él está igual de triste que ella, movida por la compasión, lo vuelve a hacer pequeño y le pide que toque la flauta. El hombrecillo lo hace y llena de nuevo el pueblo con pájaros blancos que hacen que Yaga sea feliz.
Como ya he comentado, la historia es bonita y sencilla. Pero lo que son una pasada son las ilustraciones:
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| No prestéis demasiada atención al escaneado de calidad inmejorable |
Sin yo saberlo, en mi cerebro se estaban afianzando elementos que me encantan a día de hoy. Lo más visible, la técnica, con un manejo precioso de las acuarelas y los colores. El estilo, además, me parece original y es otra de las razones por las que el libro está destacado en la montaña de incontables obras que he leído en mis años escolares.
Otro de los conceptos que a día de hoy adoro y aplico siempre que puedo es la maquetación suelta. El dibujo, tanto en portada como en este ejemplo que acabo de poner, rebosa del cuadro delimitador pero en otras páginas se ciñe a él. Esta decisión no es aleatoria y es maravilloso ver cómo en algunos casos partes de la ilustración sí que sobrepasan y en otras no, ayudando a que el conjunto sea más expresivo.
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| ¡¡PERO MIRAD ESE POLLITO GORDOOO!! *ejem* Perdón |
En definitiva, otro ejemplo de que la ilustración infantil es tan maravillosa como complicada. Tengo que decir que me parece increíblemente meritorio que alguien pueda plantar la semilla de una profesión haciendo que su trabajo sea tan soberbio que deje marcado a un niño. Así que desde aquí, si es que algún día por casualidades de la vida y de internet me lee, gracias Pablo Echevarría :)


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