Hace poco salió como portada de un periódico gratuito el blog de una joven periodista que llevaba sin depilarse más de medio año. Acompañaba el artículo una foto de la chica exhibiendo axilas y piernas. Hasta aquí, al margen de preguntarse uno cómo puede ser noticia la elección depilatoria de una persona, todo normal. Lo triste fueron los comentarios. "Antihigiénico" fue el comentario negativo más suave, llegando a los de guarra para arriba con facilidad. También había gente que la apoyaba y que enseguida era tachada de "cerdas", "hippies", "feminazis", etc etc. Lo más lamentable es que había una mayoría de comentarios femeninos negativos. Vamos a ver.
No soy excesivamente feminista, o quizás lo correcto sería decir que tengo un feminismo dividido en compartimentos estancos. Por ejemplo, obviamente creo en la igualdad de salarios desempeñando el mismo cargo hombres y mujeres, pero me la repampinfla bastante la igualdad en la lengua. Me niego a dar patadas al diccionario gratuitas solo porque las mujeres no podamos quitarnos el complejo de inferioridad.
Aquí muchas estaréis desacuerdo conmigo, y lo entiendo y respeto. Pero es que yo no me veo como mujer, me veo como INDIVIDUO. Y como individuo me da igual que se diga "Hola a todos" y no "Hola a todxs/tod@s" de la misma manera que a los hombres les da igual que no haya "periodistos". A los hombres les da igual.
A los hombres les da igual que existan tíos a lo Brad Pitt, pueden mirarse al espejo con todos sus defectos supuestamente alejados del ideal de belleza masculino y sentirse bien consigo mismos. Las mujeres no. Las mujeres siempre tenemos esa Natalie Portman inalcanzable en nuestra cabeza a la que buscamos emular, esos pechos turgentes, redondos, perfectos y naturalmente imposibles que queremos tener, esos labios carnosos, esas narices chiquititas, esa cintura muchas veces desproporcionadamente estrecha. Las dietas y el ejercicio traspasan el querer estar sano y van más allá, llegando incluso a la cirugía.
No estoy en contra de la cirugía. No estoy en contra de que cualquier persona haga lo que crea necesario para sentirse mejor consigo misma siempre que no se haga daño. Pero me jode, me repatea y me cabrea que sea una mayoría de mujeres las que seguimos auto-imponiéndomos todas las mierdas de la sociedad y que en cuanto vemos a una que se sale de esa barrera (como la chica que no se depila) seamos de las primeras en tirar piedras basándonos en unos argumentos que nos han metido a capón todos estos años sin una puñetera base científica.
Depilarse NO es higiénico. El vello tiene una función protectora y preserva la humedad en los sitios en los que la piel lo necesita. No lavarse es lo que no es higiénico. George Clooney tiene pelos en el pecho y estoy segura de que el ya mencionado Brad Pitt no se rasura las pelotas ni las axilas. Y no pasa nada. A nadie se le ocurre decir "uf, con esa pelambrera seguro que huele mal". No. Pero una mujer sí. ¿Qué soplapollez es ésa?
Entiendo que estéticamente no guste, igual que estéticamente una mujer con pantalones hace unos cuantos siglos era horrible. Sin ir más lejos, yo misma me depilo porque reconozco que estoy en esa vorágine social femenina de no sentirse cómoda si se tiene un exceso de vello. Pero de ahí a mirar mal a otra mujer simplemente porque ha decidido que ella sí puede bajarse del tíovivo estúpido que se ha creado en torno a nosotras hay un puñetero abismo.
Algún día, espero que haya igualdad con cabeza. Igualdad basada en nuestras enriquecedoras diferencias y en vernos como personas y no como tíos y tías. Educación de sujetarle la puerta al que viene detrás solo porque viene detrás, no por ser hombre o mujer. Igualdad en darle las semanas de baja necesarias a una persona que necesite cuidar de su bebé, sea hombre o mujer. Respeto por el chico que decide cuidarse ("jaja, marica") y por la chica que prefiere ir cómoda ("¿No deberías arreglarte más? Con lo guapa que podrías estar...") y viceversa.
Empezar a vernos como personas, respetando las elecciones del otro y sus preferencias. Pero lo veo lejos, muy lejos, porque las primeras que tenemos que salirnos del redil somos nosotras. Y el peor redil que hay es el que ni siquiera sabemos que existe.