miércoles, 22 de mayo de 2013

Everyone hail to the Goblin King I

Hoy os traigo una reseña, pero empecemos bien.

No soy reseñista ni lectora profesional. He comentado algún que otro libro de manera puntual en la web de la Federación Española de Fantasía Épica, pero poco más. No soy blogger ni me muevo por estos mundos a menudo. No soy influyente ni pretendo serlo.

Tengo una base de lectura de género decente, pero no excepcional. No escribo con asiduidad, no me expreso especialmente bien y mis comas a veces parecen estornudadas por el texto. No vengo a hablar de esos aspectos de "El Rey Trasgo" porque no estoy capacitada para ello. Si queréis una reseña que os diga cómo está escrito el libro buscadla en otra parte.

Tampoco vengo a hablar de la edición o la portada. La portada la hice yo, así que poco puedo decir de ella desde fuera. Para mí fue un viaje excepcional y una reafirmación de lo que me gusta hacer. Para muchos solo serán manchurrones con más o menos gracia. No pensamos en el target, no pensamos en el protagonista de la saga, no pensamos en prácticamente nada en lo que se debería pensar cuando se forja una portada de novela de fantasía. Bueno, si veis alguna que otra foto del autor y mi persona observaréis que pocas veces pensamos. Punto.

Curiosamente tampoco hablaré pormenorizadamente de la historia en sí. No la tengo fresca.

¿Pero de qué pelotas vas a hablar, buena mujer? Estaréis pensando muchos (con mejor o peor lenguaje).

Vengo a hablar del Trasgo. UN AÑO DESPUÉS.

¿Qué es "El Trasgo"? El Trasgo es el fenómeno, toda la experiencia que se está viviendo. El Trasgo son susurros a un micrófono. El Trasgo está compuesto por conversaciones de gmail en mayúsculas llenas de onomatopeyas y referencias a memes de internet, por fotos lamentables, por pinturas de guerra, por teclados con letras desgastadas y manos manchadas de tinta. El Trasgo está lleno de madrugadas y muchísimo sueño de camino al trabajo, el Trasgo tiene ojeras y cabellos despeinados y sonrisas. Sonrisas ominosas, eufóricamente desequilibradas, anticipatorias y maquinadoras. Carcajadas atronadoras y cejas enarcadas.

Conversación con Alberto Morán Roa


El Trasgo está hecho de personas. Que crecen, que aprenden, que se enfadan, que se calman. Que se equivocan y aciertan, que hablan y callan. Que a veces no reaccionan como héroes ni como villanos.

Y de eso he venido a hablar. De las personas del Trasgo. Si algo me gustó de este proyecto desde el mismo día en el que tuve la suerte de que el autor me pasara el pdf de la novela fueron las personas involucradas en él. Gente con tanta personalidad que hace que el personaje de papel se contagie y deje atrás el "je". Se convierte en una persona más con sus defectos, sus flaquezas, sus puntos fuertes... con sus reacciones inesperadas, con sus límites, con su coraje y su falta de él.

Siento amor mal disimulado por Kaelan y Naié (por separado, no juntos. No empecemos con los shippeos a estas horas). Las situaciones al límite a las que ambos son expuestos y con los que ambos lidian, mejor o peor. Las decisiones que toman, las heridas que reciben, las pérdidas que sufren. La determinación que sacan, la fuerza mental y física que demuestran, las crisis que también tienen. Son mis dos personas de papel favoritas y están rodeadas de más personas de papel, todos pendientes, sin aún saberlo, del Trasgo que les mira desde su montaña y aspira a controlar sus destinos.

Ese Trasgo susurra a micros, conversa por gmail y se ríe atronadoramente con cejas enarcadas.

viernes, 3 de mayo de 2013

Aquí empezó todo II

He tenido suerte por muchas cosas, pero una de ellas es que mi madre es una lectora voraz y en mi casa nunca faltaron libros para nosotras. Tenemos colecciones completas: la Biblioteca de los Jóvenes Castores, el Club de los Cinco, Aventuras de los Siete Secretos, Barco de Vapor de todos los colores, colección Austral Juvenil... una maravilla de estantes llenos de obras que siguen aquí como el primer día (bueno, bastante más sobeteadas).

"Yaga y el hombrecillo de la flauta", de Irina Korschunow, pertenece a la colección blanca de El Barco de Vapor, es decir, primeros lectores. No recuerdo con qué edad lo leí por primera vez, pero recuerdo perfectamente lo muchísimo que me gustaron las ilustraciones de Pablo Echevarría.



La historia es muy sencilla pero muy bonita para un niño de esas edades. Yaga es una bruja que sopla su trompeta y hace que los malos pensamientos, representados por pájaros negros, entren por los oídos de los aldeanos y les hagan hacer cosas malvadas. Un día llega al pueblo un hombrecillo que toca la flauta (hay que reconocer que el título del libro promete lo que da, no como los trailers de ahora) y hace que los buenos pensamientos, pájaros blancos, entren en la gente y les hagan ser buenas personas. Yaga descubre a su "archienemigo" y lo acompleja para que quiera dejar de ser pequeño, cosa que consigue. El hombrecillo le termina pidiendo que lo haga grande sin pensar que con ese tamaño no podrá tocar la diminuta flauta más y Yaga vuelve a tener así a los aldeanos sumidos en la miseria de sus pájaros negros.

Pero todo cambia un día en que un pajarito se pierde y acaba en el jardín de Yaga. Por primera vez Yaga escucha su trinar y se olvida de todo lo demás porque es lo más bonito que ha oído en su vida. Se dedica a cuidar a su nuevo amigo día y noche y la trompeta coge polvo en un rincón hasta que intentando que diga su nombre le grita, el pajarito se asusta y echa a volar para no volver. Yaga entonces sopla toda su rabia a través de su trompeta pero pronto acaba porque no está enfadada, está triste, y ella nunca se había sentido así.

Días después de buscar soluciones para nada y quedarse en cama, el hombrecillo va a casa de Yaga. Cuando la bruja ve que él está igual de triste que ella, movida por la compasión, lo vuelve a hacer pequeño y le pide que toque la flauta. El hombrecillo lo hace y llena de nuevo el pueblo con pájaros blancos que hacen que Yaga sea feliz.

Como ya he comentado, la historia es bonita y sencilla. Pero lo que son una pasada son las ilustraciones:

No prestéis demasiada atención al escaneado de calidad inmejorable

Sin yo saberlo, en mi cerebro se estaban afianzando elementos que me encantan a día de hoy. Lo más visible, la técnica, con un manejo precioso de las acuarelas y los colores. El estilo, además, me parece original y es otra de las razones por las que el libro está destacado en la montaña de incontables obras que he leído en mis años escolares.

Otro de los conceptos que a día de hoy adoro y aplico siempre que puedo es la maquetación suelta. El dibujo, tanto en portada como en este ejemplo que acabo de poner, rebosa del cuadro delimitador pero en otras páginas se ciñe a él. Esta decisión no es aleatoria y es maravilloso ver cómo en algunos casos partes de la ilustración sí que sobrepasan y en otras no, ayudando a que el conjunto sea más expresivo.

¡¡PERO MIRAD ESE POLLITO GORDOOO!! *ejem* Perdón

En definitiva, otro ejemplo de que la ilustración infantil es tan maravillosa como complicada. Tengo que decir que me parece increíblemente meritorio que alguien pueda plantar la semilla de una profesión haciendo que su trabajo sea tan soberbio que deje marcado a un niño. Así que desde aquí, si es que algún día por casualidades de la vida y de internet me lee, gracias Pablo Echevarría :)