No soy reseñista ni lectora profesional. He comentado algún que otro libro de manera puntual en la web de la Federación Española de Fantasía Épica, pero poco más. No soy blogger ni me muevo por estos mundos a menudo. No soy influyente ni pretendo serlo.
Tengo una base de lectura de género decente, pero no excepcional. No escribo con asiduidad, no me expreso especialmente bien y mis comas a veces parecen estornudadas por el texto. No vengo a hablar de esos aspectos de "El Rey Trasgo" porque no estoy capacitada para ello. Si queréis una reseña que os diga cómo está escrito el libro buscadla en otra parte.
Tampoco vengo a hablar de la edición o la portada. La portada la hice yo, así que poco puedo decir de ella desde fuera. Para mí fue un viaje excepcional y una reafirmación de lo que me gusta hacer. Para muchos solo serán manchurrones con más o menos gracia. No pensamos en el target, no pensamos en el protagonista de la saga, no pensamos en prácticamente nada en lo que se debería pensar cuando se forja una portada de novela de fantasía. Bueno, si veis alguna que otra foto del autor y mi persona observaréis que pocas veces pensamos. Punto.
Curiosamente tampoco hablaré pormenorizadamente de la historia en sí. No la tengo fresca.
¿Pero de qué pelotas vas a hablar, buena mujer? Estaréis pensando muchos (con mejor o peor lenguaje).
Vengo a hablar del Trasgo. UN AÑO DESPUÉS.
¿Qué es "El Trasgo"? El Trasgo es el fenómeno, toda la experiencia que se está viviendo. El Trasgo son susurros a un micrófono. El Trasgo está compuesto por conversaciones de gmail en mayúsculas llenas de onomatopeyas y referencias a memes de internet, por fotos lamentables, por pinturas de guerra, por teclados con letras desgastadas y manos manchadas de tinta. El Trasgo está lleno de madrugadas y muchísimo sueño de camino al trabajo, el Trasgo tiene ojeras y cabellos despeinados y sonrisas. Sonrisas ominosas, eufóricamente desequilibradas, anticipatorias y maquinadoras. Carcajadas atronadoras y cejas enarcadas.
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| Conversación con Alberto Morán Roa |
El Trasgo está hecho de personas. Que crecen, que aprenden, que se enfadan, que se calman. Que se equivocan y aciertan, que hablan y callan. Que a veces no reaccionan como héroes ni como villanos.
Y de eso he venido a hablar. De las personas del Trasgo. Si algo me gustó de este proyecto desde el mismo día en el que tuve la suerte de que el autor me pasara el pdf de la novela fueron las personas involucradas en él. Gente con tanta personalidad que hace que el personaje de papel se contagie y deje atrás el "je". Se convierte en una persona más con sus defectos, sus flaquezas, sus puntos fuertes... con sus reacciones inesperadas, con sus límites, con su coraje y su falta de él.
Siento amor mal disimulado por Kaelan y Naié (por separado, no juntos. No empecemos con los shippeos a estas horas). Las situaciones al límite a las que ambos son expuestos y con los que ambos lidian, mejor o peor. Las decisiones que toman, las heridas que reciben, las pérdidas que sufren. La determinación que sacan, la fuerza mental y física que demuestran, las crisis que también tienen. Son mis dos personas de papel favoritas y están rodeadas de más personas de papel, todos pendientes, sin aún saberlo, del Trasgo que les mira desde su montaña y aspira a controlar sus destinos.
Ese Trasgo susurra a micros, conversa por gmail y se ríe atronadoramente con cejas enarcadas.


