Desde que tengo uso de razón, mi hermana Tania ha cuidado de mí. Mi madre dice que siendo yo bebé, Tania ya ayudaba con biberones y chupetes mientras mi madre controlaba al terremoto que tenemos como hermana mediana.
Tania me ha mimado y a la vez educado como una madre más. Me ha llevado a jugar con más niños, me ha hecho meriendas y cenas especiales (a ella le gusta cocinar y a mí comer, somos el combo perfecto de apreciación mutua), ha tenido que pringar con mi compañía todos sus veranos, y he de decir que yo era un horror de compañía. Hemos paseado perritos a cambio de fichas de coches de choque, hemos echado carreras por la playa, hemos peleado con cosquillas, hemos ido a la feria y a los recreativos, me ha llevado al cine y a un montón de sitios en los que me lo he pasado bien. Nos pasamos juntas el Final Fantasy IX del tirón y sin guía, descubriendo todos los secretos por pura cabezonería y horas de exploración. Hemos colonizado Londres y esquivado garitos de mala muerte gracias a advertencias masculladas entre dientes por recepcionistas.
Han pasado unos cuantos años desde que ella se independizara y como es lógico ya no hacemos tantas cosas juntas. Ella ha formado una familia, regalándonos así a las dos mejores personitas de mi vida. Se suma además que Tania está rodeada por dos hermanas MUY frikis y a veces sé que se siente un poco desplazada, pero eso no es así.
No es así porque voy a su casa y seguimos jugando, esta vez al God of War donde ponemos a nuestros pies a dioses y mortales por igual. Nos vemos y seguimos carcajeándonos de cualquier tontería que se nos ocurra, porque lo absurdo corre por las venas familiares en todo su esplendor. Hablamos por teléfono (aunque debería llamarla más, todo sea dicho, que siempre es ella) y los silencios elocuentes dan paso a las risas de complicidad.
Sé que Tania muchas veces no me entiende. No practica Wushu, ni juega al rol, ni pinta, ni ve las mismas series o lee los mismos libros que yo. Pero me apoya. Incondicionalmente, siempre. Comparte mis triunfos, me consuela de mis fracasos, me anima en mis proyectos y ayuda en todo lo que puede. Aprecio muchísimo todo esto porque sé que viene de una persona que ha tenido que abrir camino, que es muy difícil, y que desde delante se ha girado y nos ha dicho "venga chicas, que yo ya he abierto la veda".
Si hay un recuerdo grabado a fuego que defina nuestra relación, es aquel de ella cogiéndome de la mano y caminando por delante por una endiablada cuesta de nuestro pueblo. "Voy tirando de ti", se quejaba siempre, pero seguía haciéndolo día tras día. Y he de decir que hoy, de otra manera, aún sigue tirando de mí. Y sé que lo hará siempre, por eso tengo tantísima suerte.
Te quiero, Tasmania. Feliz cumple :)
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