martes, 30 de abril de 2013

Treinta de abril (y no del noventa)

Hoy es el cumple de alguien muy especial. Los que me sigáis por Facebook o me conozcáis un poco más sabréis que tengo dos hermanas mayores. Una de ellas es compañera o precursora de casi todas las locuras y frikadas en las que me embarco. La otra es mi hermana Tania, LA PRIMOGÉNITA.

Desde que tengo uso de razón, mi hermana Tania ha cuidado de mí. Mi madre dice que siendo yo bebé, Tania ya ayudaba con biberones y chupetes mientras mi madre controlaba al terremoto que tenemos como hermana mediana.

Tania me ha mimado y a la vez educado como una madre más. Me ha llevado a jugar con más niños, me ha hecho meriendas y cenas especiales (a ella le gusta cocinar y a mí comer, somos el combo perfecto de apreciación mutua), ha tenido que pringar con mi compañía todos sus veranos, y he de decir que yo era un horror de compañía. Hemos paseado perritos a cambio de fichas de coches de choque, hemos echado carreras por la playa, hemos peleado con cosquillas, hemos ido a la feria y a los recreativos, me ha llevado al cine y a un montón de sitios en los que me lo he pasado bien. Nos pasamos juntas el Final Fantasy IX del tirón y sin guía, descubriendo todos los secretos por pura cabezonería y horas de exploración. Hemos colonizado Londres y esquivado garitos de mala muerte gracias a advertencias masculladas entre dientes por recepcionistas.

Han pasado unos cuantos años desde que ella se independizara y como es lógico ya no hacemos tantas cosas juntas. Ella ha formado una familia, regalándonos así a las dos mejores personitas de mi vida. Se suma además que Tania está rodeada por dos hermanas MUY frikis y a veces sé que se siente un poco desplazada, pero eso no es así.

No es así porque voy a su casa y seguimos jugando, esta vez al God of War donde ponemos a nuestros pies a dioses y mortales por igual. Nos vemos y seguimos carcajeándonos de cualquier tontería que se nos ocurra, porque lo absurdo corre por las venas familiares en todo su esplendor. Hablamos por teléfono (aunque debería llamarla más, todo sea dicho, que siempre es ella) y los silencios elocuentes dan paso a las risas de complicidad.

Sé que Tania muchas veces no me entiende. No practica Wushu, ni juega al rol, ni pinta, ni ve las mismas series o lee los mismos libros que yo. Pero me apoya. Incondicionalmente, siempre. Comparte mis triunfos, me consuela de mis fracasos, me anima en mis proyectos y ayuda en todo lo que puede. Aprecio muchísimo todo esto porque sé que viene de una persona que ha tenido que abrir camino, que es muy difícil, y que desde delante se ha girado y nos ha dicho "venga chicas, que yo ya he abierto la veda".

Si hay un recuerdo grabado a fuego que defina nuestra relación, es aquel de ella cogiéndome de la mano y caminando por delante por una endiablada cuesta de nuestro pueblo. "Voy tirando de ti", se quejaba siempre, pero seguía haciéndolo día tras día. Y he de decir que hoy, de otra manera, aún sigue tirando de mí. Y sé que lo hará siempre, por eso tengo tantísima suerte.

Te quiero, Tasmania. Feliz cumple :)

Mis dos hermanas

sábado, 27 de abril de 2013

Un poco sobre mí

Desde que empecé el blog he escrito algunas cosas que puede que os indiquen un poco cómo soy. O no. Lo que tengo claro es que casi todas las entradas han tenido un intento de expresar algo de una forma más decente que la manera de la que me suelo comunicar. Es hora de que veáis el otro lado y os cuente un poco de mí. Y qué mejor manera para ver el lado lamentable de mi existencia que dando una patada a tintas y pasando a tonterías.

A todos nos gusta definirnos de alguna manera. En internet el postureo está a la orden del día y todos sabemos más (gracias, Google), hablamos mejor (Hola, RAE) y somos más guapos (Photoshop y la iluminación inteligente, alegres aliados). Es normal y lógico. A pesar de ello, a veces tenemos una aldea de irreductibles estupideces que resisten ahora y siempre contra la invasora dignidad. Hoy hablo por ellas y paso a enseñaros cuatro lamentabilidades de mi persona y mi otro estilo de dibujo. El cutre, el rápido, el chapuzas. El que más disfruto para contar tonterías. Pasemos a...

CUATRO COSAS QUE SE ME DAN MAL

1. Planchar
De todas las tareas del hogar, planchar es la que peor se me da con diferencia. Es peligroso, es aburrido y muchas veces innecesario. Camisas, camisetas, pantalones... vale. Pero, ¿pijamas? ¿En serio? Me niego.


2. Comer poco
Tengo un problema con la comida. Bueno, en realidad nos llevamos genial. Pero no puedo comer poco. El concepto de "matar gusanillo" no es válido conmigo. O COMO o no como, pero eso de picotear lo único que consigue es darme mucha más hambre.



3. Esperar
Este es un grandísimo defecto. Se me da fatal esperar. A que seque la pintura, al nuevo capítulo de la serie, a la salida de un libro. Da igual. No puedo esperar. Necesito saber lo que pasa o seguir con lo que tengo que hacer YA.



4. Orientarme
Esta es, con diferencia, la cosa que peor se me da. Si fuera un personaje de rol diría que mis tiradas han salido descompensadas. Es inhumano lo mal que me puedo orientar. Caminos que ya he hecho, calles que supuestamente conozco, casas que ya he visitado... Con nocturnidad, con alevosía. Más allá de la Puerta de Tanhäusser (que ni idea de por dónde cae). Triste pero cierto.



He aquí cuatro cosas que se me dan francamente mal. Hay más, muchísimas más, que iréis descubriendo con el tiempo. Y quizás de rebote vayáis averiguando qué se me da bien. Pero no prometo nada, mis irreductibles defectos tienen poción mágica y con la edad se vuelven peores... pero mucho más divertidos, eso sí.


lunes, 22 de abril de 2013

Omnia Mutantur, Nihil Inherit

A veces hay cosas que tienes que dejar marchar. Comenté en una entrada anterior que parece que tenemos síndrome de Diógenes con las personas, siempre acumulando más y más a pesar de que muchas no nos aportan nada en absoluto.

En noviembre del año pasado tuve la experiencia de ver a mucha gente marchar de este mundo. Algunos eran cercanos, otros no tan cercanos pero cuya partida partió el corazón a gente a la que aprecio. Me hizo priorizar sobre lo efímero de la vida y procedí a abrir mi alma a gente de mi alrededor, a enseñarles lo que había dentro porque sentía que un día ya no podría hacerlo y habría sido demasiado tarde. Algunas personas cogieron el fragmento que les di y lo acunaron con cariño. Otras me dijeron palabras muy bonitas para acallar el ruido que hacían mientras lo pisoteaban.

Las palabras se las lleva el viento y los ecos del ruido llegan. Quizás distorsionados, pero llegan. Y dolieron. Vaya que si dolieron.

Pero yo soy una persona distinta ahora. Alguien que ha averiguado que por mucho pegamento que le pongas al espejo nunca volverá a reflejar bien. Será un espejo roto que quizás tenga reminiscencias de lo bello que fue algún día, pero no será igual. Y los espejos rotos hay que tirarlos: no te dan una visión fiel a la verdad y en el peor de los casos puedes cortarte con el filo de sus fragmentos.

Estuve mirándome mucho tiempo en un espejo roto, intentando averiguar alguna manera de fundir los fragmentos y que volviera a ser algo entero. Por un momento creí haberlo conseguido pero el martillo de la realidad volvió a hacer aparecer todas las grietas y dejó caer algunos trozos al suelo, revelándome que tras ese espejo había crecido moho y otros elementos que harían imposible unir y hacer bello ese espejo de nuevo.

Y lo tiré. Lloré por los recuerdos, por las risas, por todo lo que creo que fue bello en su día. Lloré por las confidencias, lloré por las conversaciones, lloré por las propias lágrimas que había vertido. Y mientras me iba sacando los fragmentos de espejo que se habían clavado en mi alma, supe que estaba haciendo lo correcto. Habría hemorragia un tiempo por arrancar algo que se había clavado tan hondo, pero por fin empezaría a sanar y podría seguir mi camino.

Mis heridas están tiernas pero cicatrizan bien. Si hago demasiado esfuerzo aún sangran un poquito y me duelen, pero poco a poco noto mejoría. Por suerte todos los que acunaron los retales de alma que les di los han hecho crecer y pueden ir llenando el hueco que otros dejaron.

Lo mejor es que ya no estoy triste. Estoy rodeada de espejos que hacen reflejar la luz haciéndola rebotar de unos a otros y siendo capaces de iluminar todo a mi alrededor hasta en los días más nublados. Espejos que cuando me duelen las heridas sirven de apoyo para ponerme en pie de nuevo. Espejos que al otro lado muestran a personas que me sonríen mientras pulen constantemente la superficie y yo limpio mi otro lado.

Y así sigo caminando el camino que me voy haciendo al andar, como decía el poeta. No es el mejor ni el más bonito, pero es el mío y estoy contenta porque al menos he quitado muchas piedras de él.
 
"Reflejos"

viernes, 12 de abril de 2013

Ola ke ase, eskribe o ke ase

Muchos días de silencio por aquí, pero como la mayoría me tenéis en Facebook podréis imaginar a que se debe. Y las razones son:

- 20 de abril "del noveeeenta, hola chata, ¿cómo estás?" (Sabéis que era necesario): Mercadillo en el que participo con un puesto vendiendo originales (de los pequeños), marcapáginas, cuadernos artesanales... C/ Andrés Mellado 31, Sala La Pequeña Bety (Bajos de Argüelles). Estaremos por ahí el sábado 20 de 18h a 22h :)

- 25, 26 y 27 de abril: Exposición Tintaciones. Sep, exposición individual en la que pondré a la venta originales de todos los tamaños, pintaré en vivo y estaré pasando un buen rato en general. Espero veros a muchos por ahí, también tendrá lugar en La Pequeña Bety.

- ¡He abierto tienda online! Podéis verla aquí: http://society6.com/BarbHernandez
Seguiré subiendo muchas cosas en formato impresión digital, camiseta, fundas y demás.

- También he abierto tienda en zazzle.com, pero hasta que no la tenga un poco más completa no os la paso. Por ahora solo hay dos tazas de Viñeteando.

- Reconstrucción de la web: Con tantas cosas toca ya dar lavado de cara y hacer algo mucho más atractivo, actualizado (porque no tengo NADA de las nuevas cosas que he ido haciendo desde hace unos dos años. Mal, muy muy mal.) y navegable. Voy a incluir la pestaña de Diseño Gráfico (por fin), Tienda e incrustar el blog allí. Puede que nos mudemos, vaya, pero os avisaré con tiempo ^^

- Estoy escaneando ilustraciones de mi próximo libro de la infancia a """reseñar""". Es maravilloso.

Aparte de eso, como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual. Pronto prepararé la entrada sobre el libro que os comento y otra del instinto. He estado dos días con mi sobrino en casa y son muchas cosas en las que pienso cuando me relaciono con él. Ays.

No me digáis que no es cuquísimo el cojín.
Me lo estoy pasando como una enana en la tienda, jajaja.

martes, 2 de abril de 2013

Aquí empezó todo I

Esta es la primera entrada de una serie de muchas, seguramente. ¿Dónde empezó la afición por leer y dibujar? Es difícil decir el libro exacto, así que no lo voy a hacer. Leía tantísimo de pequeña que no era ni normal. Un profesor me llegó a decir que no me llevara un libro al recreo, que el recreo era para distraerse y relacionarse con los otros niños. No era la reina de la sociabilidad entonces, igual que no lo soy ahora.

Empiezo aquí a hablaros de mis compañeros de patio en orden aleatorio. No empiezo por el primero ni por el mejor, pero todos a su manera fueron buenos. Hoy os hablaré de "La Leyenda de Boni Martín".


Este libro narra la historia de Bonifacio (Boni) Martín, un niño mimadísimo, tirando a obeso y algo corto. Su padre es un vendedor buscavidas que se ha labrado una gran fortuna y viaja a menudo, dejando a Boni y a su madre solos durante largos periodos de tiempo. La madre de Boni no hace más que consentirle y él cada vez va a peor, haciendo que en su clase se popularice el dicho "Eres más tonto que Boni Martín".

El padre de Boni vive en gran parte ajeno a lo que ocurre en su casa durante su ausencia hasta que su mujer encarga una máquina tragaperras trucada para que siempre dé premio, convirtiendo a Boni en el niño más popular de su clase. Esto marca un antes y un después para el padre, que decide hacer caso de los consejos de su psicólogo amigo y tomar cartas en el asunto. ¿Cómo? Fingiendo estar arruinado y trasladando a su familia al pueblo del que él es originario, El Castañar. Allí la madre de Boni y el propio Boni tendrán que aprender a vivir de una manera humilde y relacionándose con el resto del pequeño pueblo, todo lo contrario a lo que estaban habituados a hacer en una gran ciudad como Madrid.

¿Qué es lo bonito de este libro? ¿Cómo ha envejecido? La moraleja está clara y es llevada sin prisa pero sin pausa, haciendo que Boni evolucione de niño malcriado a niño normal de una manera divertida y creíble. Me he leído el libro en unos seis viajes de metro o así y me ha parecido que no falta ni sobra nada. Una historia sencilla para chavales de nueve años que se lee con gusto.

¿Qué tiene de especial entonces? ¿Por qué este libro de pronto? Pues por algo tan simple como esta ilustración de Gerardo Amechazurra:


Mirad ese gesto de asco extremo de Boni ante el plato de lentejas, cómo aferra el mantel, cómo coge la cuchara, ESA BOCA. Y al fondo acechante la silueta desdibujada de su tía Angustias (personajazo, oigan), que sonríe sabiendo que las lentejas son un manjar y que si a Boni no le gustan es "porque en Madrid no las saben hacer". Esta ilustración ilustra (valga la redundancia) tan perfectamente el momento que no puede ser mejor. Me encanta la técnica, me encanta la perspectiva del mantel, las diferencias de acabados para distinguir figura - fondo, todo. De pequeña no sabía por qué me gustaba, pero me gustaba. Ahora que puedo verla con otros ojos, me gusta aún más. Una de esas veces que crecer en vez de quitar magia se la añade.

Cada vez que alguien dice que dibujar para niños es sencillo, muere un hada, Dios mata un gatito y Justin Bieber saca disco nuevo. He dicho.