No es un blog de escritura, no soy escritora. No es un blog de arte, no soy artista. No es un blog de ilustración, no soy ilustradora. Y yo, ¿qué soy entonces? En esta época en la que todo necesita un etiquetado y un código de barras, ¿qué soy?, repito. Empezaré con lo que tengo claro.
Soy hermana de dos, novia de uno, amiga de muchos y conocida de demasiados (aunque no en sentido bíblico). Personalmente, soy un desastre. Profesionalmente, soy diseñadora gráfica.
Ser diseñador gráfico es una cura de humildad. O más bien una colleja de humildad. Tu trabajo puede ser visto por miles de personas pero tu nombre no tiene por qué conocerse. No firmamos los manuales corporativos ni hacemos el trabajo nuestro, somos mercenarios que ofrecemos un servicio y cual prostitutas sabemos que es un error enamorarse del cliente. El día menos pensado tu cliente va a otra que le da el mismo servicio que tú pero de otra manera (más barato, con otro estilo, más rápido...) y tienes que aceptarlo. Porque así es este mundo.
Hace poco vi el rediseño de uno de los logos que yo había desarrollado para una empresa. En modo profesional analicé los cambios que habían efectuado, las nuevas aplicaciones del logo y los usos derivados. No me convenció la nueva propuesta, creo que daba pie a confusión respecto a los servicios de la empresa. En modo personal, no sentí nada. Ni indignación porque hubiesen tocado "mi obra" ni nada por el estilo. Me encogí de hombros y pasé la publicidad de largo sin más pensamientos.
El problema o la ventaja de esta actitud es que se extiende. Se extiende a mis dibujos, se extiende a mis cuadros, se extiende a lo que digo. "¿Por qué nunca firmas tus ilustraciones?", me han preguntado muchas veces. Porque me da igual. Me siento orgullosa si alguien aprecia mi trabajo, pero no pretendo que se extienda a mi persona. Obviamente no quiero que nadie se lucre a mi costa o se atribuya mi obra, pero que de mi obra no se conozca mi autoría me es indiferente.
Siento una desambiguación de lo que genero que a veces resulta liberadora y otras quizás triste. Mi trabajo para mí es como un amante pasional, disfruto de él al máximo mientras estamos juntos, nos exploramos, nos enfadamos, perdemos madrugadas, discutimos y nos reconciliamos. Y cuando la relación termina, no se mira atrás. No hay un "te llamaré" o "serás siempre mío".
¿Significa esto que en el mundo del diseño no hay ego? Qué va. Pero el ego va por dentro. Mientras otros difunden sus productos yo callo mientras sé que la gente ha visto cosas mías. Ha tenido en sus manos libros en los que he participado, revistas, flyers, tarjetas de visita, ha visto banners, webs, carteles, vallas publicitarias, estandartes, roll ups, vídeos, iluminaciones, escenografías... y no lo saben. Estoy en su subconsciente y no lo saben. Estoy almacenada como información visual en lo más profundo de su cerebro y no lo saben. Y me encanta. ¿Para qué romper la magia de la incertidumbre con el aburrimiento de la certeza?
Teniendo claro entonces lo que soy y lo que no soy, me queda desentrañar el qué quiero ser. Eso, por suerte, lo tengo cristalino. Desde el primer tomo de Sandman, Morfeo en el Infierno, sé lo que quiero ser.
"¿Y qué serás tú, Soñador?
- La esperanza"
- La esperanza"

¡¡Ña!! Me encantan las tintas, las tonterías y más aún tus tintas y tus tonterías ^^
ResponderEliminar¡¡¡Ña!!! Muchas gracias, espero que te sigan gustando mucho tiempo :D
ResponderEliminar<3 Tintonterías para todos, me ha encantado el post :D
ResponderEliminarLos diseñadores son los Hombres de Negro del múndo gráfico jajajaja
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