Cuánto tiempo sin escribir, ¿verdad? Eso es que me he mantenido ocupada, y es bueno.
Hoy tengo que desenmascarar al peor enemigo de la mujer. El que nos han metido a nosotras mismas en el cerebro.
Con años que son como golpes de martillo en el yunque y nuestras mentes como el metal al rojo que no puede evitar doblegarse, la sociedad actual nos mete ideas tan profundamente en nuestras cabezas que las asimilamos como propias. Algunos metales necesitan más golpes, otros se doblan a menor temperatura, pero a todos al final nos hacen mella. Y ya está bien.
Allí estaba yo, en la playa, sentada en la toalla. Se activa la "MIERDAVISIÓN" y empiezo a analizarme y a suspender el examen. Que si estoy demasiado blanca (¿cómo voy a estar, si curro más de 12 horas frente a una pantalla?), que si estoy flácida, que si tengo más culo, que si aquí hay una marca extraña, etc etc. Pongo la espalda recta, meto tripa, encojo piernas y estiro empeines de los pies para que el gemelo se tense. Postureo total bajo el sol aguantando la estúpida e incómoda pose cuando lo que quiero es hacer un castillo de churretes en la arena (algunos no crecemos).
Llego a casa, me ducho, me siento y pienso. A lo mejor tengo que empezar a controlar lo que como porque llegando a una edad mi metabolismo puede cambiar y... por suerte aquí se detiene la cadena de pensamientos. ¿Y QUÉ? ¿Y gano peso? ¿¿Y QUÉ??
El sonido del rasgueo del papel de un enorme helado de trufa doble irrumpe en la noche como una ovación. Con mordiscos furiosos me voy comiendo la trufa y todas las ideas de mierda impuestas por años de adoctrinamiento publicitario y social.
Tengo patas de gallo porque me río mucho.
Tengo ojeras porque duermo poco.
Tengo piernas fuertes, rápidas, con las que he podido trepar paredes más altas que yo sin usar las manos.
Soy blanca porque trabajo (y sueño y sociabilizo y grito) a través de libros y pantallas.
Y la siguiente vez que voy a la playa no me escondo. Juego, río, me rebozo y hasta le enseño el culo (blanco nuclear) a media playa cuando una ola me baja el bikini. A nadie parece importarle y a los que me importa que les importe ríen conmigo.
Porque ya está bien. De odiarnos, de juzgarnos, de perder siempre la partida. De aspirar a una irrealidad incompatible con la vida normal de cualquier persona. De decirnos mensajes de auto-ayuda zafios y buenrollistas. No solo nosotras tenemos que querernos a nosotras mismas. La sociedad debe aprender a querernos como seamos y dejarnos en paz de una vez.
Estás sana, estás de vacaciones y hace un año que no te pones un bikini. ¿Y QUÉ?
No hay comentarios:
Publicar un comentario